DESPUÉS DEL SISMO: COMPRENDIENDO NUESTRAS REACCIONES


«¿Y si vuelve a temblar?», «nunca había temblado como el viernes», «mantén las puertas abiertas». Estas son algunas de las frases que más he escuchado después del sismo del viernes 9 de octubre, que afectó especialmente al noroeste de Tonosí, provincia de Los Santos.

Cada vez que sienten una réplica o perciben movimientos y sonidos fuertes que no necesariamente están relacionados con el sismo, algunas personas reaccionan preguntando: «¿Tembló?», a veces acompañando la pregunta con una sonrisa nerviosa.

Pero ¿por qué sucede esto? ¿Está mal reaccionar así? ¿Volveremos a ser como antes? Me preocupa cómo esto afecta a mi familia.

Lo primero que debemos entender es que el miedo, la incertidumbre y el estado de alerta pueden ser respuestas esperables después de vivir una situación que nos confronta con nuestra vulnerabilidad y con la falta de control sobre lo que sucede.

¿Por qué seguimos en alerta?

Después de una experiencia amenazante, nuestro organismo puede mantenerse más atento a posibles señales de peligro. Con el sismo pasado, algunos sonidos, vibraciones o movimientos pueden asociarse con la posibilidad de que ocurriera otro temblor, activando nuestra respuesta de alarma incluso ante estímulos que tienen otras explicaciones.

A esto se suma la incertidumbre. No podemos predecir con exactitud cuándo ocurrirá un sismo, ni dónde, ni qué magnitud tendrá. Por eso, nuestra necesidad de buscar información y adoptar medidas para estar preparados. Por ejemplo, podemos decidir usar zapatillas en lugar de tacones, mantener el arnés de nuestras mascotas a mano o descargar aplicaciones para recibir alertas.

Tomar medidas razonables de prevención es conveniente, pero el revisar constantemente las noticias, descargar múltiples aplicaciones o interpretar cada ruido como una señal de peligro puede mantener nuestra atención centrada en la amenaza, especialmente cuando estas conductas se vuelven excesivas.

También debemos tener cuidado con suposiciones y la sobreexposición a información, incluso cuando esta es fidedigna. Estar informados es importante, pero necesitamos hacerlo de manera que favorezca nuestra preparación y no incremente innecesariamente nuestro malestar.

Es importante comprender que no se trata de ignorar que un sismo puede volver a ocurrir, pero tampoco de vivir permanentemente en alerta. Se trata de encontrar un equilibrio: reconocer que existe un riesgo real, informarnos sobre las medidas de prevención y aprender a distinguir entre una amenaza objetiva y una interpretación que puede estar amplificando nuestro malestar.

Preparar un plan familiar de emergencia y conocer qué hacer durante un sismo nos ayuda a tomar decisiones informadas. En cambio, intentar mantenernos a salvo a cada instante puede afectar el descanso, la concentración y nuestra toma de decisiones.

Prepararnos busca que contemos con recursos disponibles cuando los necesitamos, no vivir en un estado eterno de alerta.

¿Qué sucede en nuestro cuerpo?

Después de un sismo podemos presentar síntomas físicos y psicológicos como mareos, pérdida del equilibrio, taquicardia, náuseas, ansiedad, insomnio e hipervigilancia. Estas manifestaciones pueden relacionarse con la respuesta de estrés ante una amenaza percibida como real. Con el tiempo, pueden disminuir a medida que nos recuperamos.

Durante el sismo, puede presentarse mareos ante una falla de calibración y un conflicto en el sistema sensorial en el sistema nervioso, combinado con una respuesta de estrés agudo. Esto se debe porque en el oído interno se encuentra el sistema vestibular, que participa en el mantenimiento del equilibrio y en la percepción del movimiento.

Durante un sismo, el movimiento puede provocar mareos o sensación de inestabilidad en algunas personas. Además, el estrés, la ansiedad y la atención constante a las sensaciones corporales pueden contribuir a mantener o intensificar el malestar.

¿Por qué se mantiene por más tiempo? Porque nuestro cerebro generó una memoria de movimiento, que en la mínima asociación a “un temblor”, por ejemplo, se cae un vaso de metal, el cerebro inmediatamente evoca esta memoria y vuelve la sensación de mareo.

¿Qué podemos hacer?

Una opción es practicar un ejercicio de orientación al presente, que podemos llamar «tocar tierra». Para hacerlo, siéntate o apoya los pies firmemente en el suelo y, si te resulta cómodo, toca una pared con las palmas de las manos. Después, observa tu entorno y repítete mentalmente: «El suelo no se mueve, es solo mi mente recordando».

Otra técnica para los mareos post-sismo consiste en mirar fijamente un vaso con agua. Al enfocar nuestra atención en él, le enviamos un mensaje claro al cerebro: dado que el agua es sumamente sensible al más mínimo movimiento, el hecho de que permanezca quieta implica que la tierra no está temblando. De este modo, el cerebro recibe una prueba visual: 'Si el agua no se mueve, la Tierra tampoco'.

Los ejercicios de respiración, caminar en la naturaleza y practicar yoga adaptado también pueden contribuir al bienestar. Lo importante es elegir las que funcionen para ti.

También es de ayuda aprender a identificar y cuestionar las interpretaciones que aumentan nuestro malestar. Por ejemplo, si sentimos una vibración, podemos pensar inmediatamente: «Otro sismo». Sin embargo, esa vibración podría deberse al paso de un vehículo o al movimiento habitual de una estructura. Un ejemplo es la terminal de transporte, cuyo piso vibra al pasar los autobuses.

Cuestionar nuestros pensamientos significa considerar otras explicaciones y contrastarlas con la información disponible, sin descartar automáticamente un peligro real. Los ruidos fuertes o las vibraciones no implican necesariamente que esté ocurriendo un sismo.

Conocer sobre los sismos, las medidas de prevención y las características de las construcciones puede ayudarnos a tomar decisiones informadas y reducir interpretaciones alarmistas.

También es importante retomar gradualmente nuestras rutinas, mantener los horarios de descanso y evitar la sobreexposición a noticias que incrementen nuestro malestar. Se trata de prevenir, no de vivir pensando que algo va a pasar. Es como tener un extintor en casa o en el trabajo: no significa que esperamos que ocurra un incendio, sino que contamos con herramientas por si las necesitamos.

¿Cómo podemos acompañar a nuestros seres queridos?

Para apoyar a otras personas, podemos escuchar sin juzgar, reconocer sus emociones y ofrecer información clara. No necesitamos estar completamente libres de miedo para acompañar a alguien, pero sí reconocer nuestras propias emociones y cuidar la manera en que nos comunicamos.

Hablar con un tono de voz tranquilo, evitar minimizar el temor y no obligar a las personas a hablar de lo sucedido puede favorecer un acompañamiento respetuoso.

En lugar de decir «no tengas miedo» o «ya pasó, no pienses en eso», podemos decir: «Entiendo que te asuste. Vamos a ver qué necesitamos para estar seguros y qué podemos hacer ahora».

Cuando existan condiciones objetivas de seguridad, podemos acompañar a nuestros seres queridos en el retorno gradual a sus rutinas, respetando sus necesidades y su propio ritmo.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Es recomendable buscar apoyo profesional cuando el miedo o la ansiedad son intensos, empeoran o interfieren con el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones o las actividades cotidianas.

También es importante consultar si aparecen pesadillas frecuentes, recuerdos intrusivos, evitación marcada o dificultades importantes para recuperar las rutinas.

Si los mareos son intensos, persistentes o aparecen junto con otros síntomas preocupantes, también es importante buscar evaluación médica.

 

En fin, sí, es esperable que después de un sismo nos encontremos más alerta, pero eso no significa que debamos resignarnos a vivir así ni esperar pasivamente a que el malestar desaparezca. Podemos tomar acción: educarnos, reaprender, cuidarnos y cuidar de los demás.

La recuperación es un proceso, y cada persona tiene su propio ritmo. Seamos pacientes con nosotras(os) mismas(os), y solidarios con el resto.

 

Autora: Vivian Rivera
Psicóloga Clínica & hipnoterapeuta

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